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“Con la iglesia hemos topado…”

La Venezuela de hoy es una sociedad extremadamente polarizada. Tras 20 años de institucionalizarse la lucha de clases como fórmula del debate político, aquí ya no hay medias tintas, porque estás en esta acera o en la del frente. En el fragor de esas luchas de las ideas en la que está en juego un modelo social y político que a la luz de lo que vemos ha sumido en la máxima precariedad nuestra existencia, la objetividad pasa a un segundo plano porque de alguna forma cada quien se hace parte del conflicto.

Esa incertidumbre está también en los medios de comunicación y los periodistas. Como no podemos aislarnos en una burbuja y ser ajenos al contexto que nos rodea, pues como servidores públicos nos corresponde acompañar al pueblo, es imposible que un medio independiente como El Caroreño, sea estrictamente objetivo y absolutamente imparcial en todo cuanto acontece alrededor. Por eso se dice que la objetividad no existe, por consiguiente es sustituida por el equilibrio informativo.

Y, ¿qué entendemos por “equilibrios informativo”? Es presentar las dos caras de una misma  noticia. Para ello se debe indagar la verdad en distintos escenarios, presentar los hechos tal como son, para que sean los lectores quienes saquen sus propias conclusiones. Sin embargo, aún cuando este argumento es absolutamente aceptable desde el punto de vista profesional y ético, tiene sus complicaciones; sobre todo cuando un dogma está de por medio. 

Los medios de comunicación no son el mensaje; son, en efecto, el medio. No obstante, cuando este mensaje socaba los dogmas de alguna tendencia de nuestra sociedad, dejan de ser considerados como el “medio” y señalados como el “mensaje”; en pocas palabras, el responsable de lo que dijo alguien en una acera en contra de los de la otra acera.

Es por esa razón que le hicimos caso al Quijote cuando le dijo a Sancho: “Con la iglesia hemos topado…” En esa contienda fratricida que ya ha subido a mayores y que pareciera escaparse de las manos de Dios, El Caroreño se ha mantenido al margen precisamente por respecto a los dogmas religiosos muchos más enraizados que los políticos-ideológicos.

Como periodistas que somos, hemos escuchado distintas versiones de parte y parte. En aras de ese equilibrio militante, repetimos, profesional y éticamente aceptado, tendríamos necesariamente que publicar las distintas versiones en conflicto, algunas de cuyas verdades “pisarían cayos” de un lado y del otro que seguramente exacerbarían más la situación con consecuencias inimaginables. En política la conflictividad es el pan de cada día, se vive con ella a diario, porque el mundo de las ideas es cambiante según el tiempo y el espacio; pero en el ámbito religioso esa realidad es distinta e incuestionable.

Quizás la mayor libertad de los periodistas, en medio de ese equilibrio informativo del que hablamos, sean los titulares. Se trata de una potestad que se reservan los medios de comunicación con argumentos propios, incluso comerciales, para presentar la noticia de una forma más conveniente. Podemos ser señalados por esa razón de “sensacionalistas”, por pretender que hechos intrascendentes causen “sensación” en el lector; sin embargo compárenlo con el de un criador que prepara a un animal  para la subasta: le da buenos nutrientes, lo baña, peina y coloca buenos aperos, con el justificado propósito “subliminal” de despertar la atención deseada en el comprador. Válidamente ética los dos argumentos.

 Al ofrecerles nuestras disculpas por esta breve y quizás latosa clase de periodismo, y también por escurrir este filón noticioso que seguramente el morbo reclama, este vocero del pueblo de los torrenses tomó la determinante y responsable decisión de no inmiscuirse en la controversia clerical por las siguientes razones: 1.- Por la importancia de los personajes involucrados y la estima que el presbiterio tiene entre la feligresía local. 2.- Porque la iglesia es una de las instituciones que goza de más prestigio en la sociedad en general, y no podemos contribuir a llevarla al mismo lodazal en que se encuentran otras del Estado venezolano. 3.- Si informamos con verdadero equilibrio informativo, estaremos alimentando ese “diablo” que ya ha cobrado enemistades entre hermanos sacerdotes; y como estamos “picados de culebra”, no deseamos ser señalados como alimentadores y cizañeros del conflicto.

Eso sí. Producto de nuestras propias investigaciones concluimos que la gran mayoría de la feligresía local, en conocimiento de esta controversia, deja su solución en manos de Dios. En consecuencia, formulamos votos para que así sea, y rogamos para que el Ser Supremo ilumine las mentes del presbiterio torrense, y surja entre ellos un feliz entendimiento. Al fin y al cabo no debe ser más difícil que lo de Barbados.

Informacion webdiarioelcaroreno

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