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Monseñor Ubaldo Santana en 10 movimientos: No traigo fórmulas mágicas. Para buscar juntos lo que Dios quiere para Carora, tenemos que aprender a vivir unidos

Mariángel Castro

Fotos: Archivo

A propósito de la Marcha de la Fe, la cual se desarrolló el día sábado, entrevistamos a Monseñor Ubaldo Santana para conocer su opinión sobre la Diócesis de Carora, su labor pastoral y la actual crisis del país.

¿Le sorprendió su designación como administrador apostólico de la Diócesis de Carora?

Si. El Papa me agarró completamente desprevenido. No es usual que los eméritos reciban nuevos nombramientos para encargarse de una diócesis. Yo llevaba ya un año retirado del cargo de Arzobispo de Maracaibo y estaba centrado en otros objetivos propios de una persona retirada de este tipo de cargo. 

¿Qué sabía de Carora antes de ser designado por el Papa Francisco?

Muy poca cosa. Mis contactos previos con la Diócesis se dieron en ocasiones que visité a Mons. Ulises Gutiérrez, cuando era Obispo. Fueron visitas totalmente informales, de amistad y fraternidad. Aprecié mucho a su primer Obispo, Mons. Eduardo Herrera Riera, por su bonhomía, su sencillez y su trato sencillo y directo con sus hermanos obispos. Sabía también que Mons. Salvador Montes de Oca era oriundo de Carora. Siempre me llamó la atención su figura, su vida, su martirio y me ha causado una gran alegría que se haya iniciado en Valencia la causa de su canonización. En Carora vive una familia con la que me ha tocado compartir desde mis años de seminarista y que considero como mi familia, pero confieso que solo logré visitarla un par de veces. 

¿En qué condiciones consiguió la Diócesis? ¿Hay suficientes sacerdotes para atender las necesidades espirituales de los municipios Torres y Urdaneta?

No he tenido tiempo aún para recorrer todo el territorio diocesano. Ya he tomado contacto con buena parte del municipio Torres. Me falta aún visitar el municipio Urdaneta. He programado esa visita para la segunda quincena de este mes de octubre. No puedo por consiguiente dar una respuesta precisa y bien fundamentada a la pregunta que me formula.

 Sin embargo, dos realidades me han llamado la atención: la primera, que la casi totalidad del clero es diocesano y nativo. He encontrado una sola comunidad religiosa masculina, los padres Escolapios. Este hecho habla por sí solo del gran trabajo vocacional que se ha venido haciendo en estos últimos cuarenta años. 

La segunda es comprobar que es una Diócesis eminentemente rural, con pequeñas poblaciones y un gran número de caseríos dispersos y con deficientes vías de comunicación. El número de sacerdotes con que cuenta actualmente la diócesis no es suficiente para atender convenientemente, con la regularidad y la calidad pastoral que se requiere todas estas comunidades, particularmente en Urdaneta. Las condiciones precarias de muchas vías rurales complican el acceso y exige que los párrocos cuenten con los medios y recursos necesarios para movilizarse y mantener sus vehículos en perfectas condiciones de uso. A pesar de estas limitaciones, admiro cómo se esfuerzan en llegar a todos. Los caseríos distantes que he visitado cuentan con catequistas y varios de ellos con ministros y delegados de la Palabra. 

¿Su labor pastoral en qué pilar se afincará?

En dos grandes direcciones. Primero, convocar a todo el pueblo de Dios que peregrina en esta diócesis, con los sacerdotes, catequistas, ministros, religiosos, seminaristas, grupos y asociaciones eclesiales para trabajar juntos, sinérgicamente en la renovación de la fe y la unidad de esta Iglesia diocesana en sintonía con la Provincia Eclesiástica de Barquisimeto y las directrices de las distintas instancias de la Iglesia. 

En segundo lugar, generar procesos evangelizadores que aseguren que el evangelio y la participación en la vida cristiana comunitaria, en todos sus niveles y dimensiones, llegue a todos los bautizados sin excepción, particularmente a los más pobres y apartados, implementando los servicios pastorales, los ministerios, los medios y las estructuras que sean necesarios. 

La crisis del país afecta tanto a la Iglesia como a la sociedad civil, ¿cómo cree que debe sobrellevarse?

Proactivamente con creatividad, con mirada prospectiva y esperanzadora. Hemos de ayudarnos los unos a los otros a encontrar, dentro de nosotros mismos, las potencialidades, fortalezas y capacidades de cambio y aprender a compartirlas y a usarlas sinérgica y espiritualmente para avanzar, crecer, cualesquiera que sean las condiciones sociales, políticas o económicas que nos rodeen. 

Ninguna renovación o cambio profundo en Venezuela o en nuestra Iglesia lo van a producir agentes externos o realidades que vengan de fuera de nosotros mismos. Si no nos activamos, si no nos despertamos, si no nos disponemos a trabajar, luchar y crecer juntos con lo que Dios nos ha dado, de poco o ningún provecho serán las herramientas y ayudas que vengan del exterior. Más bien nos pueden sumir en mayores dependencias y pasividades. 

¿Ha hecho contacto con las autoridades locales de gobierno?

Aún no, pero estoy muy dispuesto a ello. 

La marcha de la Fe será su primera actividad pública de cara al pueblo, ¿cuán importante la considera? ¿Ha invitado a alguna autoridad eclesiástica para acompañarlo?

Sé que la Marcha de la Fe junto con el lienzo de la Virgen de Chiquinquirá de Aregue es un momento fuerte de la vida eclesial de esta diócesis. Ya ha trascendido las fronteras locales y se proyecta año tras año como un acontecimiento de fe en la región y en el país. He tomado las previsiones para asegurar su buena realización y mi participación personal en ella. El año que viene, si Dios quiere, ya con mayor experiencia y conocimiento, buscaré el modo de que incida más profundamente en la evangelización de la cultura del pueblo sencillo y asociaré a las iglesias locales de la provincia. El camino mariano es una poderosa herramienta evangelizadora que aún nos hace falta valorar y utilizar más.

¿Cómo desea ser percibido por el pueblo torrense; tiene fama de hombre tranquilo y ponderado, ¿son estos atributos suficientes para calmar los ánimos en el interior de la Diócesis? 

Me animan varias convicciones. No vine a realizar mi obra. No traigo fórmulas mágicas.  Vine a trabajar y a colaborar, como un servidor más, con todos mis hermanos y hermanas, para buscar juntos lo que Dios quiere para Carora y llevarlo a cabo. La Iglesia es comunión. Si queremos ser Iglesia de Cristo, tenemos que aprender a vivir unidos, a trabajar unidos, a caminar unidos; a reconciliarnos y amarnos, apoyarnos y ayudarnos unos a otros. Toda división que cultivemos o no combatamos con ahínco, perjudica a nuestro pueblo y debilita nuestra Iglesia. Uno de los retos es integrar más las comunidades de los dos municipios que conforman la diócesis. 

El Señor tiene tiempo ya presente en esta Iglesia. Aquí se ha hecho un camino, se ha construido una Iglesia con sus logros y sus dificultades, sus virtudes y sus debilidades. Con los obispos que me han precedido, Mons. Herrera, Mons. Ulises y Mons. Tineo se ha realizado una valiosa labor. Nos hace falta entonces una labor de discernimiento personal y comunitario para descubrir juntos los signos de su presencia, interpretarlos evangelizadoramente para el provecho y el bien del conjunto no de parcialidades o grupos. 

¿Hasta cuándo lo tendremos entre nosotros, visto que usted es Obispo Emérito de Maracaibo?

Lo que limita mi estancia en Carora no es mi condición de obispo emérito de Maracaibo. Este título no conlleva ningún cargo u oficio dentro de esa circunscripción eclesiástica. Es más bien mi condición de administrador apostólico. El administrador apostólico es un cargo transitorio por naturaleza. Distinto al de obispo residencial, que es estable. Estoy aquí a la disposición del Santo Padre. Él determinará hasta cuando debo permanecer en Carora. 

Mi gran deseo, se lo pido al Señor, que cuando tenga que dejar Carora, cualquiera que sea el tiempo que el Papa haya decidido dejarme, haya contribuido a dejar una Iglesia local más renovada, más unida, más integrada, más ministerializada, más fraterna, solidaria y misionera; más volcada hacia los pobres, los pequeños, los indefensos, los más vulnerables. Una Iglesia samaritana y misericordiosa.

Sobre él:

Monseñor Ubaldo Ramón Santana Sequera, nació en la ciudad de Cagua, estado Aragua, el 16 de mayo de 1941. Fue ordenado sacerdote por el cardenal José Humberto Quintero en la Catedral de Caracas el 12 de octubre de 1968 y nombrado IX obispo titular de Caeciri y auxiliar de Caracas el 4 de abril de 1990 por su santidad el Papa Juan Pablo II.

Actualmente es arzobispo emérito de la Arquidiócesis de Maracaibo y administrador apostólico de la Diócesis de Carora

Informacion webdiarioelcaroreno

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